cayoesmortal.es

Este es el título de la página publicada por Juan Andrés Saiz Garrido, donde se ilustra, de algún modo, parte de lo que el libro cuenta.

Para quienes hemos tenido la suerte de leer el libro, contemplar las imágenes que veréis pulsando aquí, supone una especial emoción. En cayoesmortal.es podéis encontrar varias decenas de imágenes de la vida de Tatán desde su El Espinar natal hasta Bolivia, pasando por Coca, Mozambique, Fuentes Carrionas, Almazán, Marruecos, Mozambique, Amazonas, etcétera, etcétera, y los homenajes que se celebran periódicamente con el nombre de Tributatán... La página está dividida en un mosaico de nueve imágenes, a través de las cuales se accede a cada uno de los apartados en que se ha dividido su periplo vital, cada de uno de los cuales despliega un buen puñado de instantáneas.

Quienes ya nos estremecimos y nos divertimos y reflexionamos y lloramos con lo que Juan Andrés narra, ahora entendemos aún mejor lo que allí se dice.

Desde Isla del Náufrago queremos agradecer esta iniciativa de Juan Andrés Saiz Garrido, así como su nueva prueba de valentía, para ir encajando otro dolor más en sus recuerdos. Seguro que los próximos  lectores también lo agradecerán profundamente, como lo agradecemos quienes ya hemos completado el libro.

No lo dudéis, pasar unos minutos por cayoesmortal.es merecerá la pena.

Cayo es mortal en "La Tormenta en un Vaso"

Ignacio Sanz, habitual crítico en este blog especializado en reseñas literarias ha escrita ésta sobre el libro de Juan Andrés Saiz Garrido:


Este libro que ahora reseño se ha escrito muchas veces, pero como toda historia de amor llega a nosotros renovado y único porque habla de un ser irrepetible. Hace tres años, en primavera, leí en Jaén una variante de este. Aquel se titulaba La que no tiene nombre, su autora era la escritora colombiana Pilar Bonet y el homenajeado era un hijo desaparecido en Nueva York. Pero diría más, de la misma estirpe que este libro podría catalogarse El río, de Ana María Matute, que describe un pueblo con sus idas y venidas, con sus montes y sus ríos, con sus juegos, sus paisajes y sus personajes. Y todo lo escribe Ana María Matute para que el pueblo riojano de sus ancestros, en el que ha pasado los felices veranos de su niñez, no quede hundido para siempre bajo las aguas del pantano que le van a caer encima.
Juan Andrés Saiz Garrido (El Espinar, Segovia, 1952) se ha bregado en muchas tribunas periodísticas y ha escrito un puñado de libros, pero es, sobre todo, el autor de Los gabarreros de El Espinar, un magnífico libro de etnografía, un clásico que ha tenido la virtud de cambiar la percepción del pasado de un pueblo serrano a través de la descripción del oficio. Los gabarreros salían de casa cada mañana con un caballo matalón y un hacha; se dedicaban a recoger las leñas muertas en los extensos pinares de las laderas del Guadarrama, una actividad durísima en la que trabajó su padre en los años cincuenta. Tatán, el nieto de aquel gabarrero, deslumbrado por la naturaleza en sus años adolescentes, quiso ser agente forestal. Y lo consiguió. Tuvo varios destinos en los que ejerció su trabajo. Pero, como todo espíritu inquieto, no paró de viajar: Europa, Mozambique, Bolivia. Además de aquellos viajes, casi siempre con fines solidarios, cultivaba la música y la poesía en medio del silencio de las aldeas castellanas semivacías en la que vivía en comuna con otros compañeros de oficio. Y el amor, también cultivó el amor en grandes dosis.


El bálsamo de Juan Andrés (Artículo de Guillermo Herrero en el Adelantado de Segovia)

Como ya se comentó, el pasado sábado 10 de junio, El Adelantado de Segovia publicó sobre Cayo es mortal. El artículo está suscrito por el periodista, Guillermo Herrero. Aquí dejamos la transcripción completa del mismo: 
Lo peor que le puede pasar a un hombre es ver morir a un hijo. De la certeza de esta frase, muy extendida en el acervo popular, puede dar fe Juan Andrés Saiz Garrido. La enfermedad y muerte de Tatán Saiz Lobo le convirtió en un alma en pena, irreconocible hasta para los más cercanos. Alicaído, con el semblante triste y visiblemente más delgado, Saiz Garrido debió pasar entonces las de Caín.
Ahora, pasado ya un tiempo, acaba de publicar un nuevo libro, ‘Cayo es mortal’ (Editorial Isla del Náufrago), donde relata toda aquella experiencia, dura, pero intentando, sobre todo, transmitir un mensaje de esperanza. “No es un libro para sufrir”, advierte a las primeras de cambio. En cualquier caso, no oculta la historia de Tatán, su hijo, un agente forestal lleno de vida que comienza a sentirse mal tras un viaje a Bolivia. El diagnóstico es contundente: cáncer de pulmón con metástasis ósea.
"Última" de El Adelantado del 10 de junio
Poco después, Saiz Garrido se topa con una frase de Tolstoi en su novela ‘La muerte de Ivan Ilich’: “Todos los hombres son mortales; Cayo es un hombre, luego Cayo es mortal”. La cercanía de la muerte de Tatán supuso un auténtico mazazo para el escritor. Debía asumir la llegada de la parca, un reto mayúsculo.
Tras el desenlace, Saiz Garrido se agarra a lo que más le alivia, la escritura. “Tenía una necesidad vital de escribir este libro; si no lo hubiera hecho no habría enterrado correctamente a mi hijo”, dice. Reconoce haber llorado redactando ‘Cayo es mortal’, pero agrega que esas lágrimas fueron “liberadoras”. Deseaba expresar sus emociones más íntimas, entendiendo que “si no las sacaba al exterior se iban a pudrir dentro, dejándome morir en vida”. En ese sentido, el libro fue un bálsamo para curar la herida. Siete meses tardó Saiz Garrido en componer la obra, y tres años ha permanecido en un cajón, hasta que su esposa, Marisa, ha dado el visto bueno a la publicación, que se complementa con una web, cayoesmortal.es colorista, donde se han recopilado fotos de Tatán en sus viajes por el mundo.
“Entiendo que ‘Cayo es mortal’ puede ser un homenaje a nuestro hijo y, al tiempo, ayudar a familias que se sienten perdidas ante una situación similar”, sostiene el escritor.
A nivel personal, Saiz Garrido confiesa haber aprendido escribiendo el libro; entre otras cuestiones dice haber descubierto que un hijo es un desconocido para cualquier padre. “A pesar de la buena química que yo tenía con Tatán, le he conocido mejor en su ausencia”, afirma.
De los mensajes dejados por Tatán durante su existencia, Saiz Garrido quiere ahora rescatar, a modo de resumen, al menos dos: su pasión por vivir y su apología de la naturaleza. “Este libro —concluye Saiz Garrido— no busca un baño de lágrimas; al revés, es un canto a la vida”

"Cayo es mortal" en el Adelantado de Segovia

El Adelantado de Segovia publica en su edición de hoy una información sobre Cayo es mortal. La pluma de Guillermo Herrero, a modo de entrevista, resalta lo fundamental de este libro.

Aquí la reseña en la página web de El Adelantado. No obstante, entresacamos dos de las afirmaciones del autor sobre su obra:
Ahora, pasado ya un tiempo, acaba de publicar un nuevo libro, ‘Cayo es mortal’ (Editorial Isla del Naúfrago), donde relata toda aquella experiencia, dura, pero intentando, sobre todo, transmitir un mensaje de esperanza. “No es un libro para sufrir”, advierte a las primeras de cambio. En cualquier caso, no oculta la historia de Tatán, su hijo, un agente forestal lleno de vida que comienza a sentirse mal tras un viaje a Bolivia. El diagnóstico es contundente: cáncer de pulmón con metástasis ósea.
 “Entiendo que ‘Cayo es mortal’ puede ser un homenaje a nuestro hijo y, al tiempo, ayudar a familias que se sienten perdidas ante una situación similar”, sostiene el escritor.
Juan Andrés Sáiz Garrido en su despacho.
(Foto de El Adelantado de Segovia)

Relevo


José Antonio Abella y Amando Carabias


Hace ya siete años, en marzo de 2010, comenzó la singladura de Isla del Náufrago. Once títulos han sido editados desde entonces, libros todos ellos de los que nos sentimos orgullosos. No han sido años sencillos ni de bonanza, pero Isla del Náufrago se ha mantenido a flote gracias a los lectores y a los autores que han confiado en su proyecto. Quede constancia de nuestra gratitud hacia ellos. Y a ellos nos dirigimos para anunciarles un cambio importante:

A partir del día 15 de junio, José Antonio Abella, que presidió la Asociación Cultural desde sus inicios, deja el timón de Isla del Náufrago en manos de Amando Carabias. Si la experiencia de Abella en el ámbito literario fue el germen del proyecto, la de Amando Carabias marcará su continuación. Porque Amando Carabias es, ante todo, un poeta y un apasionado de la buena literatura. Autor de los libros de poemas Humanidad perdida (1980), Versos como carne (2010), Quizá un martes de otoño (2012) y Los andamios de los pájaros (2014). En prosa ha publicado Aquel sábado lluvioso (2001), Cuentos de Eurritmia (2004) y la novela colectiva Oscurece en Edimburgo (2011).

En lo esencial, el proyecto de Isla del Náufrago mantendrá en esta nueva etapa sus objetivos iniciales. Seguirá siendo una Asociación Cultural sin ánimo de lucro, con el 75% de sus beneficios destinado a editar nuevos títulos y el 25% a proyectos de cooperación. Seguirá apostando por la calidad literaria, pues sigue creyendo firmemente en los autores que dan lo mejor de sí mismos y en los lectores que buscan la excelencia. El tiempo y sus lectores irán diciendo el resto… En esta nueva etapa, esperamos mantener su fidelidad y, como dicen nuestros libros: «desde la soledad de nuestra isla, toda difusión de este libro y de esta editorial merecerá nuestra más sincera gratitud. Si a ti te ha gustado, recomiéndaselo a quien creas que puede disfrutar con su lectura».

Quede pública constancia del relevo y sea la fotografía que encabeza estas palabras la imagen de todo lo antedicho.


José Antonio Abella / Amando Carabias

"Cayo es mortal" en el periódico El Espinar





Cayo es mortal. en el número 270 del periódico mensual El Espinar, página 17. Aquí, podéis acceder al periódico



Este es el texto completo del artículo:

Cayo es mortal, en la Isla del Náufrago

Juan Andrés Saiz Garrido, habitual colaborador de este periódico, publica en Isla del Náufrago Cayo es mortal, donde narra la vida de su hijo Tatán. El libro estará a la venta a primeros de junio en librerías y en la página web de la editorial: isladelnaufrago.com.

La contraportada nos da pistas sobre lo que. vamos a encontrarnos dentro: Tatán Saiz Lobo, agente forestal lleno de vida y de proyectos, comienza a sentir dolores ene l pecho y en una cadera al regreso de su viaje a Bolivia. Después de un rasario de pruebas en el hospital de Cruces, el diagnóstico es contundente: cáncer de pulmón con metástasis ósea. Su padre, enfermero de urgencias, sabe que el pronóstico es fatal.

Durante una sesión en el hospital de Segovia, el padre se topa con la frase central de la novela de Tolstoi, La muerte de Iván Ilich: "Todos los hombres son mortales; Cayo es un hombre, luego Cayo es mortal". Reacciona con rabia: Todos sí, pero mi hijo, no; Tatán no es Cayo ni Iván Ilich, es un templo de bondad y belleza, con toda una vida por delante. Asumir esa muerte imparable que llega será una de las tareas que tendrá que afrontar durante la corta enfermedad.

Tras el desenlace, es tan angustiosa la ausencia que Juan Andrés se agarra a la única herramienta que le alivia, la escritura, y rememora su vida con él. Fruto de esa catarsis surge un texto cargado de amor y dolor, de reflexión honda y ternura, de emociones compartidas... Incluso de esperanza para mantener viva, en la memoria de cuantos lean este libro, la imagen de Tatán.

Estamos ante el homenaje a un hijo fallecido y, con él, a todos los jóvenes que mueren demasiado temprano, a través de un testimonio que conmueve hasta lo más íntimo de las entrañas huyendo de lo sensiblero o lo cursi, pues acerca al lector y lo lleva de la mano por los bordes de un hondo precipicio del que quisiéramos huir, aunque sepamos a ciencia cierta que en él acabaremos todos, sin excepción.

Muchos conocemos al autor a través de sus publicaciones, relatos y las Crónicas del Sentimiento que de forma cotidiana publica en nuestro periódico. En este libro no es más que el padre de Tatán.Como complemento a la lectura se prepara un archivo de fotografías relacionadas con la historia, que los lectores podrán encontrar en cayoesmortal.es

"Cayo es mortal" a vuestra disposición


Sí, ya está aquí como se anunció hace unos días. Cayo es mortal de Juan Andrés Saiz Garrido, está a la venta. Casi caliente aún, acaba de llegar.
Hablar (escribir en este caso) acerca de la muerte no es divertido. Es más, en los tiempos que corren solemos salir huyendo de estas conversación. Nos tapamos los ojos, los oídos..., y si pudiéramos hasta el alma... ¿Sin embargo, hay certeza más absoluta?
¿Cómo enfrentarse ante el hecho inapelable de la muerte de un hijo?
Cayo es mortal es una respuesta. Una respuesta valiente, estremecedora y sincera. Una respuesta también emocionante, pero que embarga en lo más hondo, muy alejada de ñoñerías y lágrimas fáciles o superficiales. Aquí encontraréis la entereza de varios seres humanos, contemplados desde la visión nada edulcorada, pero sí intensa y muy poética, de su autor Juan Andrés Saiz Garrido, quien, imbuido de vida, pasión, recuerdos y versos de Benedetti, Machado, Ángel González, etcétera, nos ofrece una ejemplo de entereza moral que podría ser un buen ejemplo para los tiempos que corren...
No es cuestión de alargarse más. Por si a alguno os interesa, ya podéis solicitarlo de la forma habitual. Seguid este enlace que os lleva hasta la página web de la editorial

Cayo es mortal, nuestro próximo libro

A la Isla del Náufrago está a punto de arribar su undécimo habitante. Cayo es mortal, así se llama la criatura, anda ya entre las máquinas de la imprenta, y cualquier día —más pronto que tarde— os anunciaremos su llegada.
Este relato no es ficción, no se trata de un ensayo o de una recopilación de artículos, os acercamos, queridos lectores, el testimonio de una experiencia personal cuya lectura conmueve hasta lo más íntimo de las entrañas, huyendo de lo sensiblero o cursi. Acaso podríamos situar su tono próximo a la serenidad del intenso dolor que rezuman los famosos versos de Jorge Manrique.
El autor de Cayo es mortal acerca al lector y lo lleva de la mano por los mismos bordes del risco de un precipicio hondísimo del que quisiéramos huir, aunque sepamos a ciencia cierta que en él acabaremos todos, sin excepción.
Valiente obra en estos tiempos que corren, en que hablar de la muerte, cuando llega inexorable, es uno de los tabúes más extendidos.
Os adelantamos el texto de la contraportada

Tatán Saiz Lobo, agente forestal lleno de vida y de proyectos, comienza a sentir dolores en el pecho y en una cadera al regreso de un viaje a Bolivia. Después de un rosario de pruebas en el hospital de Cruces, el diagnóstico es contundente: cáncer de pulmón con metástasis ósea. Su padre, Juan Andrés Saiz Garrido, enfermero de urgencias, sabe que el pronóstico es fatal.
Durante una sesión en el hospital de Segovia, el padre se topa con la frase central de la novela de Tolstoi, «La muerte de Iván Ilich»: “Todos los hombres son mortales; Cayo es un hombre, luego Cayo es mortal”. Reacciona con ira: “Todos sí, pero mi hijo no; Tatán no es Cayo ni Iván Ilich, es un templo de bondad y belleza, con toda una vida por delante”. Asumir esa muerte imparable que llega será una de las tareas durante la corta enfermedad.
Tras el desenlace, tan angustiosa es la ausencia, que Juan Andrés se agarra al recurso que más le alivia, la escritura, y rememora la vida con su hijo. Fruto de esa catarsis, surge un texto cargado de amor y dolor, de honda reflexión y ternura, de mociones y sonrisas compartidas… Incluso de esperanza en el deseo de mantener viva, en la memoria de cuantos lean este libro, la imagen de Tatán. 

Muchos conocemos en Segovia a Juan Andrés Saiz Garrido autor de este relato y, por tanto, somos perfectos conocedores de que su pasión por las letras de otros y por dar las suyas a cuantos quieran gustarlas no es una novedad. Sin embargo, a quienes no lo conozcáis, podríamos deciros que nació en el pueblo segoviano de El Espinar en 1951, que es escritor, y sanitario del Servicio de Urgencias y periodista. Podríamos añadir —en lo relativo al mundo periodístico— que entre 1974 y 1982 fue redactor de El Indiscreto Semanal, Diario de Castilla y Tierra. También que desde hace cuarenta años colabora con artículos de opinión en El Adelantado de Segovia y, más recientemente, en el periódico El Espinar. Quizá podríamos añadir, —en cuanto a libros— que entre su obra publicada destacan Los gabarreros de El Espinar (Diputación de Segovia, 1996). Guía del municipio de El Espinar (Ayuntamiento de El Espinar, 1998), Un alto en el camino (2000), Crónicas del sentimiento (2006) y El Espinar (Editorial Mediterránea, 2007). Incluso podríamos concluir este leve apunte biográfico, añadiendo que desde 2003 dirige y edita la revista profesional Transporte... 
Y sin embargo callaríamos lo que en verdad más importa, porque, sobre todo, en este libro es el padre de Tatán. 

Calle Feria en El Cuaderno, revista mensual de cultura

Crónica apócrifa de una ciudad
Nueva edición de una novela deslumbrante
Tomás Sánchez Santiago Calle Feria Segovia, Isla del Náufrago, 2014 632 pp., 24,00 €

/José Ángel Barrueco/

En el año 2007 nos deslumbró la lectura de Calle Feria, la primera y por ahora única novela de uno de los escritores más talentosos y secretos del panorama literario contemporáneo: el zamorano, afincado en León, Tomás Sánchez Santiago.
Por entonces la publicó Algaida porque acababa de obtener un premio; pero el galardón es lo de menos: los premios se olvidan, las obras perduran. Y es esta una obra que perdurará y que ahora edita de nuevo, con mimo, la editorial segoviana Isla del Náufrago. Un libro que nos hipnotizó en su momento y que, estoy convencido, fascinará hoy a quienes aún no lo conozcan.

Uno de los mejores

De Tomás no puedo hablar objetivamente porque lo he considerado siempre como uno de mis maestros. Maestro de la literatura, pero también maestro de la vida. Ejemplo a seguir y amigo en la distancia.
Tomás es lo contrario de esos escritores obstinados en publicitar su imagen y quedar guapos en las fotos de las ferias literarias y los saraos y en conseguir reseñas aunque deban doblar el espinazo ante cualquiera, más empeñados en esa labor de ascenso que en construir una bibliografía sólida, madura y paciente.
Si lo conozco de veras, y creo que sí, Tomás procura ser esquivo con todo lo que huela a entrevista, a reportaje en el que él sea el epicentro, a parabienes que lo ensalcen. Al final, si lo presionas demasiado, acabará aceptando a regañadientes porque su naturaleza benévola, humilde, le impide hacer faenas a terceros. (...)

CALLE FERIA en "La tormenta en un vaso"

José Miguel López-Astilleros


A finales de 2006 se le otorgó a Tomás Sánchez Santiago (Zamora, 1957) el XI premio Ciudad de Salamanca de novela por Calle Feria. En 2007 la obra fue editada por Algaida. Siete años después es muy difícil encontrar un ejemplar de la misma, puesto que quien tiene el privilegio de poseer uno y haberlo leído, no se desprende de él, por algo será. Esta nueva edición en Isla del Náufrago, revisada y corregida por el autor, viene a poner a disposición de nuevos lectores una obra que creemos imprescindible, con ello sale gozosamente del silencio al que se la había condenado desde hacía años. No es cierto el tópico de que a los poetas se les suele resistir la prosa. El caso de T. S. S. es un ejemplo claro y evidente. Sin dejar de ser en todo momento un gran poeta, también es un gran escritor de ensayos, relatos y novela, como lo atestigua esta obra.
Calle Feria podría ser la calle de Zamora donde se crió Tomás, pero también la calle donde crecimos cada uno de nosotros, nuestra calle mundo, donde tras lo anecdótico se esconde el descubrimiento de lo extraño que son los seres humanos a ojos de un niño, un adolescente o un adulto melancólico; así como extrañas y perversas son las consecuencias políticas y sociales de una feroz guerra civil, que impregnaría de grisalla la vida durante muchos años, de cuya tristeza era difícil escapar, como no fuera por medio de la imaginación y el humor, o el cine. Esta Calle Feria es la espina dorsal en torno a la cual se tejen múltiples relatos que, amalgamados en su diferencia, conforman su historia ficticia y real a la vez, que es la de los pequeños comerciantes y quienes por allí se aventuran, que a su vez refieren otras historias, hasta llegar al relato de personajes humildes, de lo minucioso y de los objetos donde recala la cotidianeidad y la trasciende con un lirismo esencial. No obstante, hay que matizar que nadie espere un impronta costumbrista en todo esto, sino poética. En esta calle se dan cita palomeros, sastres, barberos, confiteros, zapateros, guarnicioneros y toda una pléyade de dependientes y comerciantes, cuyas actividades comerciales muchas de ellas han desaparecido hoy día, y que junto con los míticos viajantes procedentes de tierras lejanas son los protagonistas, pero no sólo ellos, sino las palabras y los relatos que se intercambian. Asistimos, por ejemplo, al discurso filosófico de un barbero prodigioso, a las crónicas cinematográficas de un crítico amateur, a quien la censura oficial de aquellos años intenta reconvenir, al descubrimiento del erotismo y la sexualidad de dos amigos que comparten el mismo amor, como prueba de amistad e inquebrantable lealtad, y que más adelante se cuentan uno a otro historias como la del hombre del tatuaje de la serpiente, el cuento maravilloso sobre el encargo que recibe Paulino, el zapatero, o el de una humilde limpiadora, que se comunica con su hijo emigrado a Cuba a través de un singular reloj de pared, o una fantasía sobre el poeta Federico García Lorca.
El estilo es fragmentario, como en buena parte de la narrativa moderna. No sólo incluye narraciones más o menos clásicas, más o menos cervantinas, sino otros géneros literarios como crónicas periodísticas, informes gubernativos, ensayos poéticos, como el que trata sobre la pintora Delhy Tejero, en el cual se nos narra con intensa emotividad y lirismo el retrato que le hizo a una confitera, víctima del poder autoritario que ejercía el hombre, su marido, sobre la mujer, su esposa; pero también una apología del pequeño comercio, así como las tribulaciones de un personaje en un supermercado moderno y el menosprecio irónico del mismo. Dos características esenciales son el humor, diseminado casi por todo el libro, unas veces reflexivo, otras veces amargo, paródico o simplemente lúdico; y la otra se refiere al lenguaje, que va desde un clasicismo ejemplar, a un vanguardismo que nos recuerda a Georges Perec o a Julián Ríos; ambas características pueden verse al unísono en el divertidísimo “Monodia de la E”; aunque aparte de este, son constantes las diferentes perspectivas estilísticas y léxicas desde las que se nos muestra la realidad a la que hace referencia el texto.
Calle Feria está escrita con la lentitud de una cocción al amor de la lumbre, sin prisas y sin plazos, haciendo que cada una de las palabras, escogidas con sabiduría y tino, liberen todo su sabor al conjunto, de modo que el entramado de historias se erige así en una construcción firme, de una dureza diamantina en el cuidado del lenguaje y una exquisita sensibilidad en el trato de la materia narrativa, de los personajes y de la memoria de un tiempo que alberga vidas y emociones, esplendorosas en su revelación a través de las palabras, del mismo modo que las traídas por los viajantes «Y era en esos juegos de palabras donde los niños aprendíamos un abecedario decimal y lleno de relámpagos que ya nos acompañaría para siempre, nos estañaba en la boca con la saliva dulce de nombres que jamás se oían en otros espacios de la ciudad, la ciudad gobernada por el gemido indigesto propio de un país con olor a orín envejecido, encelado en conservar en hielo negro, amortecida y triste, la canción de la vida» (págs. 74 y 75).
Debido a que la expresión “obra maestra” ha perdido todo su valor a fuerza de calificar con ella a libros comerciales e insulsos, diremos que Calle Feria es más que una obra maestra, es un libro ameno, divertido y profundo, que cualquier lector sensible agradecerá, entre tanta hojarasca. Al menos esa ha sido nuestra experiencia lectora, que a buen seguro se repetirá en quien se decida a pasear por esta Calle Feria. Y además el tamaño de los tipos de esta nueva edición es generoso, algo de agradecer en un libro de estas dimensiones.
 * * *
CALLE FERIA: Isla del Náufrago, Segovia, 2014. 632 pp. 24 € (De venta exclusiva en  www.isladelnaufrago.com)

Premio de la Crítica de Castilla y León

El XII PREMIO DE LA CRÍTICA  de CASTILLA Y LEÓN, promovido por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, ha sido otorgado a una de las obras publicadas por Isla del Náufrago. La abrumadora cantidad de noticias, reseñas de prensa y comentarios diversos que se pueden consultar en Google hace imposible su recogida completa en este blog de amigos. Por ello, sólo incluiremos dos, una de El Norte de Castilla y otra del Blog La Acequia, de Pedro Ojeda. Muchas gracias a todos aquellos que habéis felicitado a la editorial y al autor de la obra.

       
CULTURA

‘La sonrisa robada’, de José Antonio Abella, Premio de la Crítica de Castilla y León

Una novela “ambiciosa, difícil y conseguida”, según Gonzalo Santonja

05.03.14 - 15:01 -


Jose Antonio Abella con su libro 'La sonrisa robada'. / Henar Sastre
‘La sonrisa robada’, de José Antonio Abella, ha sido la obra ganadora del XII Premio de la Crítica de Castilla y León. Se trata de una novela “ambiciosa, difícil y conseguida”, según señaló ayer, en Ávila, Gonzalo Santonja, copresidente del jurado junto con Carlos Aganzo, al darse a conocer el fallo. El escritor burgalés se impuso así a los otros ocho finalistas: Juan Pedro Aparicio, Eduardo Fraile, José Manuel de la Huerga, Julio Llamazares, Luis Javier Moreno, Moisés Pascual Pozas, Agustín Remesal y Francisco Rodríguez Adrados.
La obra elegida es “una novela muy arriesgada” que “puede gustar a un público muy diverso”, según afirmó Pedro Ojeda, de la Universidad de Burgos, uno de los portavoces del jurado. El protagonista es el poeta español José Fernández Arroyo y la historia se fundamenta en la correspondencia que éste intercambio, entre enero de 1949 y diciembre 1953, con la joven alemana Edelgard Lambrecht. La obra de Abella relata el sufrimiento del pueblo alemán tras la caída del nazismo y el sueño de toda una generación que “tiene que reencontrarse” tras la II Guerra Mundial. Ojeda destacó, “por su belleza”, los “extraordinarios” inicios de los capítulos.
La jefa de la sección de Cultura de El Norte de Castilla, Angélica Tanarro, también portavoz del jurado, se encargó de repasar la trayectoria del ganador, quien “se ha impuesto a nombres más conocidos y más mediáticos”. José Antonio Abella, médico de profesión comprometido con distintas causas sociales, publicó su primera novela, Yuda, en 1992 y desde entonces ha llevado a cabo una sólida carrera literaria. ‘La sonrisa robada’ es, en opinión de Tanarro, “su mejor obra” por “su originalidad y complejidad”.
Mucha calidad
El director de Políticas Culturales de la Junta de Castilla y León, José Ramón Alonso, destacó la “calidad” tanto de los miembros del jurado como de las obras finalistas, donde se combinaron distintos géneros y “personas con una trayectoria consolidada con personas emergentes que están todavía creando lenguajes nuevos”. “Los tiempos de crisis suelen ser tiempos enormemente creativos en la cultura”, añadió.
Por su parte, el alcalde de Ávila, Miguel Ángel García Nieto, agradeció al Instituto Castellano y Leonés de la Lengua que haya elegido la capital abulense, por segundo año consecutivo, para fallar el Premio de la Crítica. “Para nosotros es un privilegio –afirmó–. Ávila es una ciudad de letras, ya que tenemos unos escritores actuales y de pasado formidables”.
Hay que recordar que el ganador de la pasada edición del Premio de la Crítica de Castilla y León fue el escritor, ensayista y poeta José María Merino, por su obra ‘El río del Edén’.

  La sonrisa robada, de José Antonio Abella, XII Premio de la Crítica de Castilla y León


El Jurado del Premio de la Crítica de Castilla y León, del que soy miembro, reunido esta mañana en el Palacio de los Verdugo de Ávila, ha otorgado el Premio correspondiente al año 2013 a La sonrisa robada de José Antonio Abella (Segovia, La Isla del Náufrago, 2013).
La novela reconstruye la historia de las relaciones entre el poeta y escultor José Fernández-Arroyo y una joven alemana, Edelgard Lambrecht a partir del diario del artista y la correspondencia de Edelgard, mantenida entre los años 1949 y 1953. Se enmarca y completa con el viaje del narrador a Alemania con la finalidad de conocer los lugares en donde vivió la joven y encontrar los datos que proporcionen la visión desde su perspectiva. Este doble tiempo (presente-pasado) y doble y hasta triple ángulo (narrador / José Fernández / Edelgard) es sutilmente usado como parte de la fábula y viene a cumplir, en un juego metaliterario, el impulso interno de lo que se cuenta hacia su necesaria construcción como novela.
En La sonrisa robada hay una historia de amor intenso y hermoso que marca la vida de los protagonistas, pero también mucho más. Es también la historia de un sueño que impulsa al protagonista y atrapa al lector, un viaje hacia los sentimientos y hacia la ilusión que mantiene una vida en medio de la devastación propia de una postguerra como la de la II Guerra mundial. Abella nos guía por el extraordinario viaje que lleva a un joven desde la España de los primeros años de la gris dictadura franquista hasta la Alemania que intenta reconstruirse pero vive marcada por las huellas de la guerra en todos los sentidos: el pasado nazi, la irrupción de los soldados soviéticos y la desmembración del país y el presente de Edelgard en el que no todos podrán encontrar un hueco en la nueva realidad. Es un triple viaje: el del narrador, el del protagonista y el de toda una generación de europeos, contado desde una perspectiva poco frecuente. Un riesgo asumido por el autor del que ha salido con éxito gracias, en gran medida, a una narración precisa no exenta de lirismo y pasajes sobrecogedores. Los inicios de cada capítulo son magníficos. Todo, además, lleno de referencias musicales que potencian lo contado.
La sonrisa robada, sin duda alguna, es una novela atractiva para un lector muy variado: atrapa por el argumento -una gran historia de amor-, por las dosis de intriga con las que se desgrana, por la profundidad del análisis de los sentimientos más nobles en tiempos violentos y poco propicios, por la reconstrucción individual y colectiva de una Europa que sale de un conflicto tan brutal como fue la II Guerra mundial y por el estilo narrativo.

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/#ixzz2vXUvx09q
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LITERATURA DEL RIESGO en Granite & Rainbow


Interesantísima revista literaria, dedicada en este número a la LITERATURA DEL RIESGO. En las páginas 43-45 se puede leer una excelente reseña de "La sonrisa robada", novela publicada por Isla del Náufrago, ediciones.

Es posible descargar la revista completa en este enlace:

http://www.graniteandrainbow.com/wp-content/uploads/2013/10/GR25.pdf