El coloquio de los perros

Conversando con Rubén Castillo
Antonio Parra Sanz

Rubén Castillo
Rubén Castillo     Rubén Castillo (Murcia, 1966) es licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua Castellana y Literatura en Enseñanza Secundaria. Ha ejercido la crítica literaria en los periódicos La Verdad, El Faro de Murcia El Noroeste, así como en varios blogs especializados y en dos docenas de revistas nacionales y extranjeras. Durante doce años fue articulista semanal en la prensa murciana. Actualmente comenta libros de actualidad en Librario íntimo (rubencastillo.blogspot.com)
     Como escritor, ha obtenido diversos galardones, tanto en novela corta (premio Gabriel Sijé en 1989, premio Ateneo de Valladolid en 1991) como en cuento (Ciudad de Mula, Encarna León, José Calderón Escalada, Gerald Brenan, etc). Ha publicado una novela corta (Reina María), dos volúmenes de relatos (Imágenes prohibidas de la Biblia y Hegel en el tranvía), cuatro de ensayos, artículos y críticas literarias (Palabras en el tiempo, Verdades parciales, La voz de los otros y Ventanas de papel), y dos novelas (La mujer de la mecedora y Las grietas del infierno).
     Recientemente han visto la luz sus dos últimas novelas, Las hogueras fosfóricas (Baladí, 2011) y El globo de Hitler (Isla del náufrago, 2011).

     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: En su novela Las hogueras fosfóricas hay dos personajes que se mueven en la soledad nocturna, ¿está tan solo el ser humano como parece o es un contrasentido hablar de soledad en esta época de sobresaturación de medios y redes sociales?
     —RUBÉN CASTILLO: Estamos solos. Siempre hemos estado solos. Pero me refiero a una soledad interior, no al ajetreo externo. Las redes sociales, el chat, el correo electrónico, etc, nos dan un barniz de compañía, pero no calan, no atraviesan la epidermis de la soledad. Al apagar el ordenador, la casa se queda en silencio. Y el alma también. Así que mis personajes se aferran con ansia a esos diálogos nocturnos porque no quieren sentirse solos. Les angustia la posibilidad de pensar o de descubrirse como seres solitarios.
     —ECP: ¿Es más dramático llegar a un chat a una cierta edad, como ocurre en la novela, que hacerlo con, por ejemplo, veinte años menos?
     —RC: Yo no creo que sea dramático nunca. El chat es una ventana que uno puede abrir o cerrar cuando quiera. El problema es cuando lo conviertes en una obsesión o en el eje de tu vida. Eso puede ocurrir con quince o con sesenta años, y siempre resulta pernicioso. Me sorprenden las personas monomaníacas, porque ellas mismas se labran la infelicidad. El mundo es enorme y redondo; la pantalla del ordenador es rectangular. Si se entra al chat teniendo eso claro, no hay problema.
     —ECP: En su otra novela reciente, El globo de Hitler, se parte de la Historia para crear ficción, ¿es la Historia un género apasionante para un novelista, y el panorama histórico actual da para muchas novelas?
"El globo de Hitler" de Rubén Castillo
     —RC: Por supuesto que sí. La realidad está ofreciéndonos constantemente sorpresas y maravillas. Solo hace falta mirarlas con un poco de espíritu analítico. A mí me llaman la atención las fisuras de lo real, es decir, aquellos elementos históricos que no han podido ser documentados o explicados, porque con ellos se puede construir una ficción novelesca. ¿Nadie sabe por qué Hitler se encerró en el búnker de Berlín al final de la Segunda Guerra Mundial, sabiendo que era una ratonera? Pues ahí se mete el creador e imagina. Lo han hecho una infinidad de novelistas y a mí, particularmente, me parece un recurso sugerente y productivo, que seguiré manejando en el futuro.
     —ECP: Mirando hacia atrás, lo ocurrido los últimos meses: crisis políticas y económicas, protestas indiscriminadas por todo, visitas papales, acusaciones de corrupción..., ¿son necesarias las novelas o bastaría con sentarse a escuchar, grabar los hechos y luego simplemente reproducirlos?
     —RC: No, no creo en las “reproducciones literarias”. Grabar y reproducir los hechos, sin moldeo literario, produce obras coyunturales y mediocres, como El Jarama, Matando dinosaurios con tirachinas o Historias del Kronen. El novelista tiene siempre que intervenir: ordenando, puliendo, seleccionando, etc. El arte siempre ha de comportar trabajo. Decía Alfonso Reyes que los perros le ladran a la luna, pero que eso no supone en sí una manifestación lírica. El poeta, el cuentista, el novelista, son alfareros de historias. Y eso supone manipular la realidad. No basta con calcarla.
     —ECP: ¿Son las épocas de crisis, como mencionaba alguien hace poco, un buen caldo de cultivo para la literatura?
     —RC: Quizá sí, no lo sé. En todo caso, pienso que la literatura está en los ojos de quien escribe. Supone una cierta forma de mirar la realidad, asimilarla y traducirla para los lectores. Un hombre perdido, desorientado, que no encuentra sentido a su vida, puede entregarse a las drogas o escribir Rayuela o La náusea. Lo externo no es lo más condicionante. La mirada del creador es siempre el filtro que genera buena o mala literatura.
     —ECP: Tristam y Marge, los protagonistas de Las hogueras fosfóricas, parecen sumidos en sus respectivas crisis personales. ¿Realmente cómo logran salir adelante tras lo ocurrido en la novela?
     —RC: No tengo ni idea. Y se lo digo sinceramente. Me gusta pensar que, al acabar la novela, será el lector quien opine sobre ese doble destino. Yo lanzo en estas páginas una historia que queda, como todas las historias, trunca. Si he conseguido esculpir unos personajes sólidos, imagino que el lector se habrá creado con ellos unas ciertas expectativas, unos ciertos dibujos mentales, y que podrá decidir qué sucede con ellos al terminarse las páginas del libro.
     —ECP: ¿Cuál es el punto que le hace arrancar con una novela, qué detonante es el verdaderamente intenso como para poner en marcha la maquinaria de su escritura?
     —RC: Depende de la historia, claro. Para Las hogueras fosfóricas fue pararme a pensar qué podía llevar a la gente a meterse en chat durante horas y horas, por las noches. Y de ahí surgió una pregunta: ¿y si dos personas que coinciden y chatean estuvieran buscando cosas distintas... sin decírselo al otro? Con El globo de Hitler sucedió de una forma más directa: encontré en un periódico una noticia breve, de no más de ocho líneas, donde informaba de la subasta del globo que Hitler había manejado en su refugio de Bavaria. Me metí en internet, recabé más datos... Y se me ocurrió pensar: ¿y si Hitler dejó algún mensaje dentro de ese globo? A partir de ahí, mi imaginación comenzó a trabajar. Primero, lentamente. Luego, de forma más obsesiva. Y no tuve más remedio que rendirme y escribir la historia.
"Las hogueras fosfóricas" de Rubén Castillo
     —ECP: Usted también ejerce como crítico literario desde hace años. ¿Qué le impulsa a hablar bien o mal de una determinada obra? ¿Hay patrones básicos que cumplir a la hora de ejercer la crítica literaria?
     —RC: Yo no hablaría de patrones, realmente. Soy un crítico que goza mucho de su tarea como lector. No permito nunca que los condicionantes técnicos (o de escuela) me mediaticen. Jamás me planteo cómo debo hacer una reseña, y eso que llevo ya más de quinientas escritas y publicadas. Simplemente me dejo llevar por el libro. Mi única directriz es pensar qué quiero decir del libro que tengo delante en cada momento. Qué debe saber, en mi opinión, la persona que quiera leerlo. Sin más etiquetas.
     —ECP: Como lector apasionado, ¿qué obras le han dejado una huella más profunda, y de qué influencias literarias es capaz de reconocerse como deudor?
     —RC: Sería imposible enumerar aquí cuáles han sido las obras que más me han marcado a lo largo de los años, porque han sido muchas y muy diferentes. Desde luego, ese grupo contiene a Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Antonio Muñoz Molina... Pero podría contener a otros. A veces, descubrir a los genios que van a iluminar nuestra lectura y nuestra escritura es azaroso. Podría no haber leído nada de Borges, y sí mucho de Stevenson; podría no haberme topado con García Lorca, y sí con Josep Pla. Sería otro lector y otro escritor, no me cabe duda. Me gusta pensar que somos quienes somos por un capricho del Destino. No es malo ni bueno: es así. Soy sobrino de bibliotecaria: podría haberme arrimado a cualquier escritor. ¿Por qué fueron éstos y no otros? Imagino que me moriré ignorándolo. Pero me siento feliz de que en mi camino se hayan cruzado Rayuela, los cuentos de Borges o la prosa inmejorable de Muñoz Molina.
     —ECP: Además de la escritura, se dedica también a la docencia. ¿Hay algo de cierto en esos tópicos que de vez en cuando se publican, que consideran a los jóvenes españoles ajenos a la literatura?
     —RC: Qué va, qué va. Es una falsedad terrible. Y le puedo poner un ejemplo personal muy contundente: he creado en el instituto donde imparto clase (el Vega del Táder, de Molina de Segura) un blog donde los chavales pueden ir colgando las reseñas de los libros que leen por gusto, y no por imposición académica. Yo no influyo en ninguno de sus comentarios, ni les indico qué libros deben o pueden leer. Son libres para optar por uno u otro... o por ninguno. Pues bien, al finalizar el primer curso con el experimento, el blog (www.vegadeloslibros.blogspot.com) atesora más de ochenta seguidores, ha publicado más de doscientas reseñas y ha sido visitado por casi 35.000 personas. ¿Que los jóvenes no se interesan por la literatura? No se interesan por las Cartas marruecas o por el Cantar de Mío Cid, pero sí por los libros.
     —ECP: Ya debutó en el terreno de la literatura juvenil con La cueva de las profecías. ¿Cómo calificaría la experiencia de escribir para jóvenes y debatir con ellos acerca de su obra? ¿Tiene intención de repetir con el género?
     —RC: La experiencia fue muy bonita, porque me permitió escribir algo que pudiera ser leído por mis hijos María (de 12 años) y Rubén (de 10). Siempre me repetían que mis obras eran “para mayores”. Mi sorpresa se expandió cuando comprobé que los chavales de esa edad estaban recibiendo bien mi novela, que ha sido leída en varios institutos de la Región de Murcia. De los más jóvenes me gusta su espontaneidad. No te elogian si no les convences. En eso son más limpios que los adultos; están menos contaminados de hipocresía. ¿Repetir con una obra juvenil? Por ahora, no hay ningún argumento de ese tipo que me ronde por la cabeza, pero no descarto nada. Lo mejor en literatura es dejar que las historias fluyan cuando quieran.
     —ECP: Volviendo a Las hogueras fosfóricas, el hecho de “limitar” los encuentros entre Tristam y Marge al mundo cibernético, ¿cree que ha podido dejar a los lectores con ganas de asistir a un encuentro real, o por el contrario les habrá alimentado más el misterio de no saber bien quién estaba al otro lado de la pantalla?
     —RC: He intentado en todo momento que fuera una novela inestable, donde los lectores no pudieran estar seguros, totalmente seguros, de nada. ¿Son Tristam y Marge los que dicen ser al principio? ¿Son, acaso, los del final? Es imposible saberlo. Y me parece que tiene que ser así. Eso permite que quien viaja por las páginas de la obra se fragüe su propia interpretación y formule su propia opinión. Darle la voz a los lectores es una experiencia que me gusta: la ensayé con Las grietas del infierno y he querido repetir.

Presentando "Las hogueras fosfóricas" en la librería Escarabajal de Cartagena
Presentando Las hogueras fosfóricas en la librería Escarabajal de Cartagena


     —ECP: ¿Cuál es su relación con las nuevas tecnologías a la hora de escribir, pueden coexistir tranquilamente con la literatura tal y como la hemos conocido?
     —RC: Mi relación con las nuevas tecnologías es amistosa, pero no servil. Tengo un e-book y un tablet, pero no los uso. Quiero decir: no estoy obsesionado con la idea de estar a la última. Sé que pueden aportar cosas al escritor, pero de momento no siento la urgencia de averiguar qué. En cuanto a la relación de las nuevas tecnologías con la literatura tradicional está por ver qué puede ocurrir en los años venideros. Nadie lo sabe a ciencia cierta, aunque se pregonen muchos apocalipsis. Hegel tenía muy claro que tras la tesis y la antítesis viene la síntesis.
     —ECP: ¿Qué tipo de género novelesco le ha provocado más satisfacciones a la hora de crear, el intimismo de Las hogueras fosfóricas o la intriga histórica de El globo de Hitler?
     —RC: Podrá parecer pretencioso o ridículo, dicho por mí, pero creo que Las hogueras fosfóricas marca un final de ciclo en mi novelística y que El globo de Hitler abre otro. Comienzan a interesarme mucho las narraciones donde “pasen cosas”, frente a las novelas reflexivas o intimistas. Ya está bien de profundidades psicológicas y personajes atormentados (aunque me queda una novela de ese ciclo por publicar: se titula Galatea de las esferas y está siendo evaluada en varias editoriales para ver si les interesa). Llevo años divirtiéndome con las películas de cazatesoros, Indianas Jones y cosas así. Sonará infantil, pero disfruto como un enano con esas tramas. ¿Por qué no escribir algunos libros de ese tipo? La verdad es que con El globo de Hitler me lo pasé muy bien: construyendo la trama, dibujando a los personajes, documentándome sobre la época, etc. Ahora tengo en la cabeza dos o tres novelas en esa línea y serán las próximas que escriba, supongo.
     —ECP: Por sus palabras, se deduce que la creación literaria le resulta muy satisfactoria. ¿Puede decir lo mismo de la documentación tras haber escrito esta novela sobre los dirigentes nazis?
     —RC: Ah, sí. Ya le digo que ha sido fascinante. Descubrí muchas inmundicias sobre los nazis, pero mi deslumbramiento no tiene nada que ver con la empatía, totalmente imposible: ha sido puramente novelesco. Escribir sobre los nazis era un absoluto reto porque me obligaba a saber mucho del tema y de la época. Y los retos siempre me han tentado.
     —ECP: Y satisfáganos una curiosidad, ¿por qué ninguno de los protagonistas de El globo de Hitler es español, hay alguna razón en concreto?
     —RC: Pues no sé. No lo había pensado. Como la obra está ambientada en países como los Estados Unidos, Austria, Alemania, etc, introducir un elemento español imagino que hubiera quedado muy forzado. En todo caso, ha sido puramente coyuntural. Me producen mucha risa los escritores que se empeñan en ambientar sus obras en Roma, Cambridge o Estocolmo, porque así consideran que serán más modernos, más potencialmente comerciales o más cosmopolitas. Es absurdo. Puedes escribir sobre un tipo de La Mancha y quedar en la Historia: Cervantes lo demostró.
     —ECP: Usted reside en una región que últimamente se está caracterizando por la eclosión de numerosos autores nuevos en el panorama literario nacional. ¿Cómo es su convivencia con dichos autores, hay algo especial en la Región de Murcia que provoque tal efervescencia literaria?
     —RC: Es cierto. Murcia está produciendo una asombrosa cantidad de autores literarios, digamos, “exportables”. Y con algunos me une una amistad muy hermosa, o incluso fraternal. Habrá que dejar que pase el tiempo: él es el único que dirá cuáles de esos autores permanecen y cuáles se diluyen.

En la Semana Literaria del IES Mediterráneo (Cartagena)
En la Semana Literaria del IES Mediterráneo (Cartagena)


     —ECP: Aunque suene a tópico, ¿qué opinión le merece el panorama literario español en la actualidad, hay tanta facilidad para publicar como parece a juzgar por el ingente títulos que aparecen cada año?
     —RC: Sí, sí, publicar es relativamente fácil. Si se escribe bien, publicas un libro al año sin más problemas. Hablo, obviamente, del mundo de la novela, que es el que conozco mejor. Lo que ocurre es que muchos autores se equivocan pensando que el mundo literario se acaba en Planeta, Alfaguara, Tusquets, Anagrama o Siruela: hay muchas editoriales pequeñitas que están dispuestas a apostar por voces nuevas, siempre que sean de calidad. Y, en todo caso, el autor debe ser insistente: cuando a la autora de Harry Potter le rechazaron varias veces su obra no se rindió; cuando a Faulkner le rechazaban una docena de veces un cuento tampoco se rendía. El escritor debe estar curtido para aguantar. Al final, si tiene calidad, publica.
     —ECP: Normalmente los escritores son reacios a hablar de sus nuevos proyectos, ¿es así o podemos preguntarle por algún detalle de su próxima novela?
     —RC: Estoy trabajando en dos proyectos simultáneamente: una novela sobre un tipo cuya identidad confunden y que se ve envuelto en una espiral alucinatoria; y una novela sobre un personaje histórico de la antigüedad. La primera espero tenerla acabada para Navidades de 2011; la otra sin duda me ocupará buena parte de 2012. Como se puede ver, me marco plazos amplios. Es lógico. El novelista tiene que huir de todas las prisas. Su obligación es trabajar bien y con calma.
     —ECP: Imagine que tiene que llevar a cabo una labor de marketing, convenza a los lectores de esta entrevista de la conveniencia de leer tanto Las hogueras fosfóricas como El globo de Hitler.
     —RC: Difícil me lo pone. Si hablamos de Las hogueras fosfóricas hablamos de personas que conocen el mundo de los chats nocturnos y que alguna vez han sentido la tentación de lanzarse a conocer a alguien a través de ese canal. ¿Qué se busca en esas conversaciones? Ése es el objeto de mi reflexión. El globo de Hitler, por el contrario, es una novela de acción: parte del hecho histórico de que hace unos años se subastó el globo que el dictador nazi había manejado en su refugio de Bavaria. Y yo fabulo con la idea de que escondió un secreto, un terrible secreto, dentro de ese globo. Un mensaje en clave que conduce a una sorprendente situación actual. Pero que nadie espere nada cabalístico o esotérico: es una novela documentada desde el punto de vista histórico y con una construcción muy rigurosa, que solo se puede conseguir en la página www.isladelnaufrago.com. Me dicen que atrapa al lector desde el inicio y me gustaría pensar que es verdad. Yo le lanzaría un reto a los lectores: que lean el primer capítulo. Solamente eso. Si no quedan seducidos, lo mejor es que la dejen de lado.

http://www.elcoloquiodelosperros.net/numero29/bask29ru.html

Frnte al Pacífico en SEDA: Revista de Estudios Asiáticos

Frente al Pacífico, por Cora Requena Hidalgo

Título: Frente al Pacífico.

Autor: Montserrat Sanz Yagüe
Editorial: Isla del Náufrago.
Comentarios: «Pocos lugares como Japón para vivir al son de las estaciones. Los japoneses están convencidos de que sólo en su territorio se marca claramente la diferencia entre las cuatro. Cada una de ellas llega con sus ritos», escribe Montserrat Sanz en su libro Frente al Pacífico. Esta idea, que establece una relación indisoluble entre los pueblos de Oriente extremo y la naturaleza, forma parte del escaso conocimiento que en Occidente se tiene sobre sus países; la encontramos en películas, en libros, en mangas, incluso en animaciones para niños que nos llegan especialmente desde Japón.  ¿Cómo entenderla sin haber experimentado el impacto que la naturaleza produce incluso entre los habitantes de ciudades densamente pobladas como Tokio o Kioto?

En Frente al Pacífico, Montserrat Sanz Yagüe traza un mapa del carácter japonés a través de una serie de escenas cotidianas que acercan al lector occidental a los valores, las preocupaciones, las formas de ser y de actuar en el día a día de los habitantes del archipiélago nipón; en definitiva, a su forma de ver la vida. Cada escena es relatada con mimo, con un lenguaje simple, pero también con el distanciamiento necesario que evita caer en la idealización o recurrir a los tópicos para hablar y describir el espacio y el tiempo que rodean a la autora. Cada escena es una pincelada de realidad que contiene muchas respuestas, que condensa siglos de historia y de tradición, de la misma manera que cada ideograma que antecede a todos los textos, autoría de Tomoko Miyamoto, condensa la fuerza , la historia y la tradición de un valor estético y ético presente desde hace miles de siglos en la cultura japonesa.

Frente al Pacífico está compuesto por doce artículos, la mayoría de los cuales fueron publicados
con anterioridad en El Adelantado de Segovia, periódico de la ciudad natal de la autora. Su objetivo fue precisamente ése: dar a conocer una forma de ser distinta, enseñarla, hacerla comprensible a un lector que se encuentra en España, muy lejos, no sólo físicamente, de Japón. Luego del terremoto y tsunami que asoló en marzo de este año el noreste de Japón, y a partir de las noticias tantas veces inexactas que transmitieron los medios de comunicación sobre lo que ocurría en días posteriores, Sanz decidió volver a editar esos artículos, esta vez en forma de libro y precedidos por una breve explicación que diera sentido y respuestas a las imágenes que Occidente transmitía por sus televisores.

Es así que en este libro los lectores podemos ver florecer al sakura momentos antes del terremoto, podemos ver a un grupo de japoneses esperar con dignidad su turno para recibir las ayudas, podemos verlos sonrojarse al sentir la mirada de Occidente puesta sobre ellos, o podemos ver al Primer Ministro vestido no de traje y corbata sino con el mono azul que dio ánimo a su pueblo para trabajar por la reconstrucción del país y sobreponerse a la tragedia.

Creo que ése es ahora el objetivo de estos artículos reunidos en un libro: abrir el diálogo, crear un vínculo no ya entre España y Japón, sino entre Occidente y Japón. Dentro de la más pura tradición intercultural, establecida por Lafcadio Hearn hace más de un siglo, este libro busca y hace posible un diálogo imaginario mucho más real que el que en ocasiones encontramos en la mayor parte de los medios de comunicación, incluido internet.

Junto a todos estos indudables atributos del libro, cabe mencionar el trabajo realizado por Isla del Náufrago en una edición sencilla y muy cuidada, de sobriedad japonesa, que contribuye a acrecentar aún más el placer de su lectura. Igualmente es de destacar el noble gesto de esta editorial  al destinar la mitad del beneficio obtenido por la venta de cada libro a la Escuela primaria de Ookawa, en Ishinomaki, en la que murieron setenta y cuatro de sus ciento ocho alumnos y diez de sus trece profesores. En días como los actuales, tanto el esfuerzo de Isla del Náufrago como el de las propias autoras, que han cedido la totalidad de sus derechos a la reconstrucción de dicha escuela, nos habla de esperanza y nos enseña cuál es el verdadero sentido de la globalización y del aprendizaje, del diálogo necesario y perpetuo entre culturas que, a veces, parecen tan lejanas.   
http://libros.revistaseda.com.ar/2011/10/frente-al-pacifico.html#more

Frente al Pacífico en Alenarte


JAPÓN SIN TÓPICOS, por Amando Carabias

El pasado once de marzo de este año, Japón saltó a las cabeceras de todos los medios de comunicación a causa del terrible terremoto que provocó un devastador tsunami. Esta ola gigante y voraz se llevó por delante varias ciudades costeras, engulló vidas, haciendas, infraestructuras, hospitales, escuelas, negocios y casi destruyó una central nuclear, con lo que el problema se hizo mayor y todavía preocupa a nuestra sociedad.
En junio de este mismo año, la editorial Isla del Náufrago (cuyos libros sólo pueden adquirirse a través de Internet http://www.isladelnaufrago.es/) editó Frente al Pacífico escrito por Montserrat Sanz Yagüe (Segovia, 1966), filóloga que vive y trabaja en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kobe (Japón) donde ocupa una cátedra desde 1996.
Frente al Pacífico es un libro recopilatorio de artículos seleccionados de entre todos los que Montserrat Sanz ha publicado en el Adelantado de Segovia entre 2008 y 2011. Por tanto, ante nosotros tenemos un libro con doce artículos cuidadosamente seleccionados, donde desde el punto de vista de una española, se muestran aspectos de la forma de vida japonesa en gran parte desconocidos por el resto de Occidente: integridad, sentido de la belleza, esfuerzo, aceptación del destino, responsabilidad, colectividad, abnegación, servicio, respeto a los ancianos, educación, dedicación, sacrificio…
Quienes vivimos en ciudades llamadas turísticas estamos acostumbrados a ver transitar nuestras calles por grupos de japoneses que, cámara en mano, fotografían todo cuanto ven, tanto los monumentos más notables, como detalles ínfimos que a la mayoría nos pasan desapercibidos. Sin embargo, ¿qué sabemos del modo de ser de este pueblo? Sabemos que se trata de una nación puntera en tecnología. Sabemos que cuentan con tradiciones milenarias, aunque difícilmente podamos concretar alguna. Sabemos que son ceremoniosos. Sabemos que no destacan por exteriorizar en exceso sus sentimientos ni los de alegría ni los de tristeza ni los de frustración. Pero en general sus comportamientos se hacen extraños a nuestras mentalidades.
Recuerdo que una de las cuestiones más comentadas por los medios de comunicación occidentales desde pocas horas después del tsunami fue la reacción ordenada, pacífica e incluso tranquila del pueblo japonés que, de modo disciplinado, cumplía con todas las indicaciones y con todos los protocolos programados para catástrofes de este tipo. No hubo otras reacciones que tan naturales nos parecerían e incluso podrían ser disculpables a causa de tan extremas circunstancias. Escribe Monserrat Sanz al comienzo de la nota introductoria: “Atraer la atención sobre sí mismo es una de las peores cosas que podían pasarle a este pueblo, cuyos miembros tratan de pasar desapercibidos a toda costa en su vida diaria. Sin embargo, horas de informativos mantuvieron a millones de personas de todo el globo escudriñándolo con detalle. Si hubo algo positivo de esto fue que el carácter sobrio, digno y estoico de los japoneses quedó patente en las reacciones que siguieron a la destrucción. Muchos rasgos de su forma de vida resultaron evidentes para un Occidente que desconoce profundamente a este país y que, aunque lo ha despreciado o infravalorado en ocasiones, no ha podido por menos de sentir respeto y admiración hacia él tras su tragedia (…) Mi intención al recopilar y adaptar los artículos de esta manera es ayudar a los lectores a entender mejor las reacciones que quedaron manifiestas en las semanas posteriores al desastre, trascendiendo las fronteras de mi pequeña ciudad para llegar a cualquier lector, se encuentre donde se encuentre, que haya quedado intrigado por esta distinta cultura”.
He de confesar que los artículos, cuando fueron publicados por El Adelantado en su sección “Segovia desde fuera”, no los leí con atención. Y bien que lo lamento ahora, pues la cuidada y bella prosa de Montserrat es un placer para su lectura.
En mi opinión, el modo de escribir de Sanz Yagüe se caracteriza por la concisión en la idea y la mirada amable puesta en la cotidianidad de lo pequeño y el rigor desnudo en el dato que ofrece a nuestra consideración. En sus textos no encontrará el lector sesudos análisis económicos, sociológicos, científicos o psicológicos que pretendan explicar las reacciones de las mujeres y hombres de cualquier edad, profesión o condición durante los días y semanas posteriores a este desastre que aún, de vez en cuando, salta a la palestra de nuestros medios informativos, normalmente entintado por expresiones más bien sensacionalistas.
He de confesar que tras leer el libro, cambió mi percepción sobre esta nación y aumentó mi sentimiento crítico hacia el modo en que se abordan los desastres naturales por nuestros medios de comunicación que en demasiadas ocasiones superponen el negocio a la información.
Cuando en el mes de junio se presentó el libro, Montserrat Sanz estuvo presente en la sala a través de vídeo conferencia. Sus palabras, su gesto, su sonrisa cautivaron y emocionaron al auditorio. Estas mismas reacciones se producen al leer su obra. Aunque fuera a través de las imágenes de una webcam, entramos en el salón de su casa a una intempestiva hora de la madrugada japonesa. Aquel día ya explicó algunos detalles que desbrozaron las ideas fuerza de estos artículos; pero me quedé con una sobre las demás: la solidaridad como mejor y más eficaz medio para sobreponerse a las situaciones complicadas. El pueblo japonés tiene injertado en su genética la idea de la colectividad y sabe que si deja de ser racimo no será nada. La dilatadísima experiencia milenaria de su historia así lo acredita. El pueblo japonés ha salido de situaciones complicadísimas apelando a este sentido solidario que se basa en el respeto, el esfuerzo personal y en el sentido del deber. Recordar las bombas atómicas sobre Hirosima y Nagassaki sólo es traer a la memoria uno de los botones de muestra más recientes.
Desvelaré un detalle que me impactó durante la presentación. Es sabido de todos que el transporte férreo por Japón es básico para su vida diaria. En uno de los trayectos en tren que habitualmente realiza la escritora entre su lugar de trabajo y su residencia, vio un cartel en el que la empresa prestataria del servicio solicitaba trabajadores como revisores y encargados de estación. Esto es lo que a continuación escribe Sanz Yagüe: “Indicaban [los carteles] la apertura del plazo de solicitud, y contenían la siguiente información, cuya traducción precisa se me escapa, porque es imposible captar la concisión y belleza de la oración en japonés. ‘Requisitos: personas para quienes los clientes sean lo más importante’ (o ‘personas que sepan mimar a los clientes’)”. 
De este modo, pues este tipo de detalle es el condimento esencial de Frente al Pacífico, la autora nos lleva por el texto para alcanzar conclusiones sobre el modo de ser nipón citado más arriba. Montserrat utiliza el método de contar los pequeños detalles, esas cosas de lo cotidiano que a menudo pasan desapercibidas. Uno disfruta leyendo porque a través de la mirada de la autora accede a la vida de estas personas. Es como si fuera de visita a Japón hospedándome en la casa de un amigo. Antes de trasladar las frases al papel, sus retinas han encontrado en lo sencillo y habitual la clave que todo lo explica. Y sin artificios ni alharacas cuenta lo que ha visto. Así el lector accede a la vida cotidiana de un pueblo y se explica por qué reaccionó de la forma en que lo hizo.
Otra característica de la escritura de este libro es que la mayoría de los doce artículos, podrían ser considerados como pequeños relatos. Mientras leía Frente al Pacífico, intuía a la escritora con vocación narradora. No se encontrará el lector, reitero, con sesudos análisis en el texto, sino con doce historias o doce reflexiones que lo aproximarán a algunos de los más profundos sentimientos de los japoneses, más allá de los tópicos. Y también descubrirá el lector la emoción contenida, esa emoción que subyace en determinados fragmentos, donde la grandeza humana revolotea en pequeños gestos.
El libro, cuidadosamente editado, como es norma de La Isla del Náufrago, cuenta con otro aliciente que el lector atento a los detalles y catador de la belleza sabrá apreciar: las delicadas ilustraciones, que en realidad son obras caligráficas debidas a la artista Tomoko Miyamoto, licenciada en Filología española, quien acompañó a la autora durante la presentación del libro. A poco que el lector sea observador y mire con calma, un poco ajeno a la velocidad que nos marca este mundo, se sorprenderá por el poder evocativo de estos trazos que para la mayoría de nosotros no son letras o ideogramas, sino ilustraciones, y mucho más al contemplarlas en el tamaño en que se nos ofrecen.
Hoy nuestra sociedad occidental está siendo atacada por una virulenta crisis económica que a pesar de haber sido causada por cuestiones ajenas a la mayoría de las víctimas, amenaza con llevarse por delante mucho de los avances conseguidos gracias al esfuerzo y valentía de generaciones anteriores a la nuestra. Quizá sea hora ya de poner los cimientos hacia un mundo un poco diferente, hacia un modo de entender la existencia que introduzca alguna novedad respecto de lo que nos lleva hacia un precipicio. Palabras como solidaridad, esfuerzo, respeto, sacrificio, responsabilidad y esperanza tendrían que ser piedras clave en este proceso. Estas palabras son las que Montserrat Sanz Yagüe descubre como parte de los cimientos de la civilización japonesa y que tantas veces les han permitido salir de situaciones trágicas y lo hace desde un retrato sencillo, ameno y riguroso.
Por último, señalar que la mitad de los beneficios obtenidos por la adquisición de este libro se destinarán a ayudar en la reconstrucción de la escuela primaria de Ookawa, en Ishinomaki, destruida por el terremoto y el tsunami. A consecuencia de esta catástrofe, murieron 74 de sus 108 alumnos y 10 de sus 13 profesores.
Este es el enlace a la Isla del Naufrago: http://www.isladelnaufrago.es/
  
Fuente:
http://alenarterevista.net/japon-sin-topicos-frente-al-pacifico-de-montserrat-sanz-por-amando-carabias/

El globo de Hitler en ÁGORA, papeles de arte gramático

jueves 1 de septiembre de 2011


El globo de Hitler, de Rubén Castillo



Rubén Castillo Gallego
El globo de Hitler
La isla del náufrago, 2011

A finales de 2007 se subastó en San Francisco el globo terráqueo que Adolf Hitler utilizaba en su refugio del Berghof (Bavaria), en cuyo interior se encontró, por parte del comprador, el multimillonario Robert Wilkins, un mensaje escrito por el “genocida austriaco”, como le define el autor de esta novela, Rubén Castillo, que utiliza este hecho para adentrarnos en uno de los últimos días de Hitler donde, reunido con Himmler, Goebbels, Bormann y Goering, planea la que ellos creen la gran jugada maestra que haría vencer al III Reich.

En efecto, la trama comienza el domingo 14 de enero de 1945, a las 18 horas, en el salón de reuniones Wolf, de Berchtesgaden. Hitler ha llamado a Hermann Goering, Heinrich Himmler, Joseph Goebbels, además de a su secretario, Martin Bormann, y ya desde ese momento el lector o lectora quedará atrapado en la trama, y por debajo de ella, en la cuidada narrativa de Rubén Castillo Gallego, de quien este verano he tenido el placer de leer tres de sus últimas obras publicadas, sin pretenderlo, pero que he disfrutado como cuando un friki se prepara un maratón de su serie o películas preferidas, y durante horas me he dejado envolver por aquello que me contaba, por aquellos misterios hacia los que me guiaba con la exquisitez de un gourmet de las palabras.

Robert H. Wilkins, posee un extraordinario y secreto museo de cincuenta y cinco objetos que pertenecieron a dictador nazi, con la pretensión de “estudiarlo, combatirlo y vencerlo.” Por que “el odio racional es siempre más efectivo que el irracional” (Pág. 46), y así se lo manifiesta a la catedrática Katherine Gordon, de la Universidad de Oxford, a la que trae desde Inglaterra para mostrarle el mensaje encontrado en el interior del globo que, tras los análisis técnicos pertinentes, se demuestra está escrito por Hitler.

Toda esta acción se desarrolla en apenas cincuenta páginas, escritas, como digo, con la maestría de un gourmet de las palabras, y ya presentados los personajes, donde falta el capitán Walter Irving, empleado del millonario, quien acompañará a la profesora Gordon en un viaje a Europa en busca de descifrar las claves secretas del breve y enigmático mensaje de puño y letra de Hitler.

Rubén Castillo nos sitúa, al principio de cada capítulo, en el lugar, el día, la fecha y la hora, como flash cinematográficos precisos y ya desde la página 77 sentimos que los protagonistas se adentran en secretos muy bien guardados desde hace más de sesenta años, que los seguidores nazis no quieren que salgan a la luz. Y eso les hace muy peligrosos. De sobra es conocida por la Humanidad su capacidad de eliminar a quienes les estorban o molestan.

No debo contar más, pues la trama, y sobre todo el final, sorprenderá al lector. Sí quiero destacar esos breves mensajes que nos deja el autor a lo largo de la novela: “No los llame campos de concentración... Los que montaron los nazis fueron campos de exterminio” (Pág. 143); “Lo que hizo Harry Truman fue, simplemente, demostrar quien la tenía más grande: una mera exhibición de fuerza. Un puñetazo estúpido sobre una mesa que ya se caía a pedazos” (Pág. 187), “Juzgar es un privilegio que no debería estar al alcance de los seres humanos” (Pág. 212). Sirvan estos tres como ejemplo.



Francisco Javier Illán Vivas

Vargas Llosa Frente al Pacífico

¿Qué tiene Mario Vargas Llosa en su mano izquierda?
Una bolsa de papel y un libro.
¿Y el libro es...?
Y el libro es Frente al Pacífico, de Montserrat Sanz Yagüe,
recientemente publicado por Isla del Náufrago, ediciones.

Frente al Pacífico en El Adelantado

Antonio López, José Antonio Abella, Rafael Encinas y Jesús Martínez, con Monserrat Sanz y Tomoko Miyamoto al fondo por videoconferencia  Foto: Kamarero/El Adelantado

El arroz cocido japonés
La colaboradora de El Adelantado Montserrat Sanz compara, en la presentación de su libro, la fortaleza de los nipones con la consistencia de los granos del típico plato oriental
EL ADELANTADO. / SEGOVIA
“Entendimos que solo trabajando juntos e intensamente seríamos capaces de vencer al hambre y a la miseria. Así que nos convertimos nosotros mismos en arroz cocido: cuanto más pegados unos granos
a otros, más fuertes nos hacíamos”, así explicaba un anciano nipón cómo pudo transformarse
Japón tras la Segunda Guerra Mundial en una potencia económica, comentó ayer la catedrática de la Universidad de Kobe y colaboradora de El Adelantado de Segovia, Montserrat Sanz Yagüe, en la  presentación de su libro “Frente al Pacífico”.
El texto recoge algunos de los artículos que viene publicando en nuestra sección `Segovia, desde fuera´, la mayoría tras el tsunami ocurrido el 11 de marzo de 2011, al que se han incorporado ilustraciones de Tomoko Miyamoto. Ambas intervinieron por videoconferencia en un acto celebrado en el salón de Caja Segovia de la Bajada del Carmen que presentaron el jefe de la Obra Social de Caja Segovia, Rafael Encinas, y el director de El Adelantado, Jesús Martínez; y que contó con la participación del propietario de la editorial Isla del Náufrago, José Antonio Abella, y el director del centro asociado de la Uned en  Segovia, Antonio López. Como ha hecho en muchos de sus artículos, Montserrat alabó el concepto que de lo colectivo tienen los japoneses: “Ante una catástrofe de proporciones inimaginales, hicieron lo que mejor saben hacer: poner el bien común por encima del individual”. Y recordó que el libro pertenece
“a las más de 124.000 personas que llevan tres meses viviendo como refugiados, a los 15.400 muertos
y a los 7.650 desaparecidos”  tras esa tremenda catástrofe.

Puedes leer y descargar el artículo completo en el siguiente enlace:
Y puedes leer la intervención completa de Montserrat Sanz en la entrada precedente de este  mismo blog.

Arroz Cocido Frente al Pacífico

Texto completo de la intervención de Montserrat Sanz
en la presentación de su libro
FRENTE AL PACÍFICO
(Merece la pena leerlo)

Antonio López, José Antonio Abella, Rafael Encinas y Jesús Martínez, con Monserrat Sanz y Tomoko Miyamoto al fondo por videoconferencia / Foto: Kamarero/El Adelantado
Presentación del libro Frente al Pacífico
Montserrat Sanz Yagüe
21 de junio de 2011
Segovia/Kobe

Cuenta un escritor brasileño amigo mío, Edweine Loureiro, que, en una cena en la que le preguntó a un anciano japonés cómo pudo transformarse Japón tras la Guerra Mundial en una potencia económica, éste le respondió ofreciéndole un tazón de arroz con una sonrisa. Mi amigo pensó que su interlocutor había optado por ignorar la pregunta, pero éste, consciente de la perplejidad de su compañero de mesa, le ofreció una explicación de su metáfora. “Al término de la guerra, no teníamos arroz para comer”, le aclaró. “Entendimos que sólo trabajando juntos e intensamente seríamos capaces de vencer al hambre y a la miseria. Así que nos convertimos nosotros mismos en arroz cocido: cuanto más pegados unos granos a otros, más fuertes nos hacíamos.” El arroz japonés constituye la alegoría perfecta para ilustrar las diferencias entre la naturaleza de este pueblo y la nuestra: mientras nuestro concepto de arroz de calidad incluye como condición indispensable el que sus granos estén sueltos, el arroz japonés es pegajoso. Cada grano, redondo y lleno de almidón, se encuentra pegado a otro, de manera que comer con palillos no supone ninguna dificultad: los granos nunca se caen y el tazón queda invariablemente limpio al final. El señor de la historia le hizo entender a mi amigo que los japoneses, ante una catástrofe de proporciones inimaginables, hicieron lo que mejor saben hacer: poner el bien común por encima del individual. El progreso se derivó de ello por sí solo, y en la repartición de los beneficios también entraron todos.

El globo de Hitler en "Espacios", de ORM

JACINTO NICOLÁS CONVERSA CON RUBEN CASTILLO EN "ESPACIOS"


Una amplia e interesante entrevista, realizada y emitida por Onda Regional de Murcia en su programa "Espacios", que gira en su integridad sobre la obra "El globo de Hitler" recientemente publicada en Isla del Náufrago:



El globo de Hitler, de Rubén Castillo


Isla del Náufrago acaba de editar la nueva novela de Rubén Castillo: El globo de Hitler. Se trata de una obra fascinante, que atrapa al lector desde la primera página. Como se dice en este book trailer de Lomba Producciones, El globo de Hitler es un bestseller para los que no gustan de bestsellers, una novela profunda para los que no gustan de novelas profundas.

De Rubén Castillo, galardonado con los premios Gabriel Sijé y Ateneo de Valladolid, ha escrito Juan Manuel de Prada:

"Nos hallamos ante un novelista en estado de gracia, capaz de perfilar a sus criaturas a través de unos pocos rasgos idiomáticos, en unas muy escuetas pinceladas descriptivas, en un tour de force que esconde pudorosamente su virtuosismo, porque en arte el mejor rasgo de excelencia es aquél que permanece oculto o apenas susurrado".

Quien lea El globo de Hitler podrá comprobar la exactitud de tal afirmación. Y para despertar el apetito de su lectura, nada mejor que contemplar este sugestivo book trailer.

LIBROS: Así es exactamente como funcionan.


Luis Martín, compañero de naufragios, recolector de sueños y uno de los amigos fieles de esta isla,  nos hace llegar esta imagen que responde perfectamente a su título y que no nos resistimos a incluir en nuestro cuaderno. Gracias por tu envío, querido Luis. Gracias por ser como eres.

SOURCE: http://eksmo.ru/bookman/news/index.php?ELEMENT_ID=1124606

Técnicas originales para una variada temática

Unas pocas palabras verdaderas 
(y otros falsos relatos)
José Antonio Abella. Isla del Náufrago Ediciones, Segovia, 2011. 348 pp.
NICOLÁS MIÑAMBRES
Tal vez José Antonio Abella (un caso más de profesional de la medicina que armoniza su actividad con la creación artística) no haya recibido el espaldarazo de la justa popularidad. Su obra, extensa y original, merece mayor reconocimiento. La presente colección de relatos (donde se incluyen varios ganadores de premios importantes) es una confirmación de su mundo personal y profesional, decodificado de alguna manera en el luminoso «Prólogo prescindible».
Todas las técnicas literarias y buena parte de las experiencias vitales pueden considerarse presentes de alguna manera en estos relatos. Desde los tiempos del bachillerato (reflejados como recurso metaliterario en «La ceguera del escribano», y como feliz recuerdo en «La última lección de Germán Bueno») hasta el rescate de seres humildes, como el ser invisible de «El contratiempo», el abuelo de «El fin de las palabras»; o el protagonista de «Miga de pan». Entre esos simbólicos extremos humanos pueden situarse narraciones vinculadas, directa o indirectamente, a la profesión del autor. Hay alguno de extremada dureza, como «Piernas», sin que falte una narración aterradora, «El escultor de almas»; o de crueldad esperpéntica, como «La fosa común». De gran impacto emocional resulta «Alejandra», reflejo de unas relaciones humanas de incuestionable dramatismo.
En una obra tan extensa y variada, el lector encontrará también relatos armoniosos, de ingeniosa plasticidad (como los frutos de lo metaliterario en «El ladrón y la llave») o la belleza enigmática que subyace a «Escrito en el barro». O en «Ojos de luna», el único relato de cierta brevedad. Faltan algunas referencias a otras muestras del libro, pero lo dicho puede servir de testimonio razonable del riquísimo mundo de José Antonio Abella y, especialmente, de la maestría para plasmarlo en una serie de narraciones como la que esconden estas páginas.
Artículo publicado en DIARIO DE LEÓN, 
suplemento literario FILANDÓN (29-5-2011)

Frente al Pacífico



       Con este nuevo libro, FRENTE AL PACÍFICO, escrito por Montserrat Sanz Yagüe e ilustrado con delicadas caligrafías de Tomoko Miyamoto, se inaugura una nueva colección de Isla del Náufrago: Testimonio. 
       
       Su autora, que reside en Japón desde hace 15 años, reúne en esta obra una cuidada selección de los artículos sobre este país que periódicamente ha venido publicando en El Adelantado de Segovia, su ciudad natal.
       Visto a través de los ojos de Montserrat Sanz, Japón se muestra como una sociedad admirable, con valores desconocidos en muchos aspectos por Occidente. El comportamiento de dicha sociedad ante el reciente terremoto y tsunami que asoló sus costas el 11 de marzo de 2011, analizado e esta obra, es un ejemplo de fortaleza que no puede sino impresionar a los lectores.
       Más información sobre el libro y su autora se puede encontrar en el siguiente enlace:
       El  50 % del beneficio obtenido con la venta de esta obra (que, como todas las publicaciones de Isla del Náufrago, sólo puede ser adquirida en www.isladelnaufrago.com ) irá destinado a la escuela primaria de Ookawa, en Ishinomaki, donde murieron 74 de sus 108 alumnos y 10 de sus 13 profesores.